José Ramírez y la escuela de Madrid

May 25, 2022

José Ramírez y la su influencia en la escuela de Madrid

La asociación del “noble arte de violeros, guitarreros y todo género de instrumentos de cuerda” fue fundada, en Madrid, en 1761 por el violero Julián Fornieles y Lorenzo Alonso, y es el origen de la llamada Escuela de Madrid de Constructores de Guitarras. 

Lorenzo Alonso y Marcos Antonio González eran los veedores, o examinadores, que se encargaban de examinar a los futuros miembros de esta asociación. 

Para asegurar la línea y la marca, el discípulo más aventajado se casaba con la hija de su maestro, claro, en caso de haberla. Así fue como el guitarrero Manuel Muñoa se casó con la hija de Marcos Antonio González. Y posteriormente Benito Campo heredó el taller de Manuel Muñoa al casarse con su hija.

Benito Campo fue el maestro de Francisco González, y trabajaron juntos en sus talleres en la calle Majaderitos. A su vez, Francisco González fue el maestro de José Ramírez I, mi bisabuelo. 

Con el transcurso de los años han ido desapareciendo todas las ramificaciones de la Escuela creada por Alonso y Fornieles en 1761, quedando únicamente la nuestra, que en la actualidad está representada por mis sobrinos, Cristina y José Enrique, que son la V generación, y por mí.

El inicio de Guitarras José Ramírez

Mi tatarabuelo, el padre de José Ramírez I, Domingo Ramírez de Galarreta y Martínez de Abad, era un hombre muy polifacético, al menos en lo que respecta a sus actividades, pues era terrateniente, criador de caballos, constructor y maestro carpintero.

Como carpintero pertenecía al gremio de madera y corcho, al igual que los guitarreros. Y, según tengo entendido, tenía amistad con Francisco González. Esto, junto a la que debió ser una marcada afición por todo lo relacionado con la guitarra, seguramente fue el motivo por el cual su primogénito, José, entró como aprendiz en el taller de Francisco González a la edad de 12 años, en 1870. Creemos que es muy posible que Domingo, teniendo en cuenta sus muchas actividades y su relación con la madera y con la guitarrería, construyera también guitarras, porque sus tres hijos varones: José, Antonio y Manuel, fueron guitarreros.

Sabemos que José fue el maestro de su hermano pequeño Manuel. No sabemos, sin embargo, quién lo fue de Antonio, que tenía su guitarrería en la calle Mayor en Logroño.

En cualquier caso, José fue maestro de su hijo mayor José Ramírez II, y de otros guitarreros que al independizarse obtuvieron un reconocimiento a nivel mundial, como es el caso de Enrique García, maestro a su vez de otro gran guitarrero: Francisco Simplicio.

En cuanto a su hermano pequeño y discípulo Manuel, también al independizarse este fue a su vez maestro de otros guitarreros de prestigio como lo fueron Domingo Esteso, Modesto Borreguero y Santos Hernández, quienes a su vez formaron a otros guitarreros reconocidos internacionalmente.

Manuel Ramírez, después de haber estado trabajando junto a su hermano y maestro José, se estableció por su cuenta. Puedo contar la anécdota de Andrés Segovia, y de que la guitarra que le regaló está actualmente expuesta en el MET de Nueva York, junto a la guitarra de Hauser que el maestro utilizó después de la última reparación de la Manuel Ramírez, que fue incorrecta, y no pudo seguir tocándola.

Y volviendo a José, creó la guitarra de Tablao a petición de los guitarristas flamencos (cafés cantantes y tablaos) este fue a su vez maestro de su hijo mayor José Ramírez II.

José Ramírez II fue maestro de Manuel Rodríguez I, y de su hijo mayor José Ramírez III.

José Ramírez III y su revolución en el mundo de la guitarra

José Ramírez III revolucionó el mundo de la guitarra con sus investigaciones, y formó una auténtica escuela de guitarreros, pues enseñó el oficio nada menos que a 30 discípulos, entre los cuales hubo varios que, tras independizarse, llegaron a obtener un merecido reconocimiento, como Manuel Cáceres, José Romero, Teodoro Pérez, Manuel Contreras, Mariano Tezanos, Arturo Sanzano y Paulino Bernabé.

Entre sus discípulos estamos mi hermano José Enrique y yo, aunque yo tuve el privilegio de haber tenido de maestros tanto a mi padre como a mi hermano, José Ramírez IV.

De mi padre, José Ramírez III, hay tanto que contar que sería excesivo para exponerlo todo aquí. En resumen, y aparte de sus investigaciones en cuanto a plantillas, barnices, estructura interna, tiro, peso y medidas del puente, y más, puedo contar:

  • Su encuentro con Andrés Segovia
  • Descubrió el cedro rojo para las tapas.
  • Su empeño en conseguir que Segovia volviera a tocar una Ramírez.
  • La gira de Australia, donde Andrés Segovia estuvo tocando por primera vez una guitarra suya, y a partir de entonces continuó tocando guitarras de nuestra firma.
  • Guitarra de 10 cuerdas, con la colaboración de Narciso Yepes, su diseño y estudio de las proporciones equilibradas en su construcción… todo ello sirvió de modelo para otros guitarreros que posteriormente construyeron este tipo de guitarra.
  • Guitarra de 8 cuerdas a petición de José Tomás.
  • Guitarra aflamencada para Víctor Monge Serranito, y que también utilizaron otros grandes guitarristas flamencos como Manolo Sanlúcar y Paco de Lucía.
  • Guitarra de Cámara, logrando un sonido nítido separando las notas de forma que constituye una guitarra idónea para grabaciones.
  • Guitarra Romántica, siendo un diseño revolucionario en cuanto a este tipo de instrumento, pues le aplicó unas medidas que le proporcionaron una sonoridad potente, a diferencia del íntimo sonido de las guitarras románticas históricas.

Y soy consciente de que me estoy dejando bastantes cosas en el tintero.

Continuamos perfeccionando la construcción de guitarras

Mi hermano, José Ramírez IV, continuó con la obra de nuestro padre y se dedicó a perfeccionarla, creando un sistema de construcción más estable, manteniendo estrictamente nuestra tradición artesanal, y consiguió hacer que nuestras guitarras resultaran muy cómodas de tocar.

  • Desarrolló una línea de guitarras de estudio con nuestro diseño.
  • Guitarra cutaway electrificada.

En cuanto a mí, como ya he señalado, mis maestros fueron mi padre y mi hermano cuando entré en el taller en los años 70. Como se suponía que era un oficio de hombres, no estaba previsto que yo aprendiera a construir guitarras, pero contagiada desde pequeña de la pasión de mi padre por la guitarra, y aleccionada de tanto escucharle hablar de ello, siempre quise aprender el oficio, así que finalmente lo hice y mi aprendizaje lo hice en cinco años.

Después me fui durante unos dos años para dedicarme a otras actividades, y regresé en el año 88 a dirigir el negocio junto a mi hermano. Juntos reestructuramos el taller y regresamos al concepto original de un taller pequeño con una producción muy limitada.

Doce años después, al fallecer mi hermano, me hice cargo del negocio, y estuve haciendo experimentos con la sección áurea, con la guitarra de cámara diseñada por mi padre, con nuevos materiales como el nómex, desarrollando la guitarra Auditorio.

Hice una reedición de la guitarra de Manuel Ramírez que perteneció a Andrés Segovia y que está expuesta en el MET, como indiqué más arriba. Introduje la guitarra semiprofesional y nuevos diseños de guitarras de estudio.

Y mis discípulos favoritos son mis sobrinos, Cristina y José Enrique, que en la actualidad están tomando las riendas del negocio con mi colaboración. Ellos han tomado iniciativas como reproducir la guitarra de Tablao, de su tatarabuelo José Ramírez I, y guitarras más simplificadas, totalmente artesanales, como la Preludio y la Sencilla.

Por lo demás, seguimos manteniendo nuestro compromiso al servicio de los guitarristas, que son nuestra guía fundamental a la hora de seguir evolucionando e innovando.

Debo agradecer a los investigadores Pablo de la Cruz, Xosé Crisanto y José Juan Fernández, algunas de las valiosas y reveladoras informaciones que han ido completando la historia de mi familia y que expongo en este escrito. Asimismo, José Juan Fernández, con sus indagaciones, encontró a la única descendiente de Antonio Ramírez de Galarreta, su bisnieta Maribel Mirallé, y nos puso en contacto, lo cual fue un motivo de alegría tanto para ella como para mis sobrinos y para mí.

Artículo escrito por Amalia Ramírez.